lunes, 1 de octubre de 2012

Hogar, ¿dulce? hogar...

¿Has sentido alguna vez cómo la protección se transforma en amenaza, cómo la luz se extiengue hasta dejarte sumido en las tinieblas?

El hogar en el que antes te sentías seguro poco a poco se va volviendo un lugar hostil, mientras que aquellos en quienes confiabas hace años son ahora quienes más dolor te causan. Todo se vuelve un auténtico caos, no entiendes nada, pero tienes que seguir en este juego siniestro en el que nunca quisiste participar, ni nunca supiste cuándo empezó. Es completamente imposible hacer frente a los males, pues aún refugiándote en tu habitación, el único lugar en el que queda un remanso de paz, son ellos quienes vienen a por tí, sin un cómo ni un por qué.

¿Qué hacer? ¿Cómo afrontar todo esto? ¿Cómo huir de aquí si estás atado económicamente? ¿Dónde está la salida? ¿Cuál es la solución? ¿Cómo poner fin a todo esto? ¿En quien apoyarte ahora?


viernes, 28 de septiembre de 2012

El placer de dormir juntos

Se despertó en mitad de la noche, sin ubicarse dónde estaba. Al momento, le vió. Ahí estaba, durmiendo profundamente a su lado, dándole la mano, y con una pierna echada por encima de la suya, tal y como se habían quedado dormidos.

Sonrió para sus adentros y pensó en lo afortunado que era al poder dormir con cierta frecuencia con un chico así, que se preocupaba por él, que en el día a día estaba ahí dando su apoyo, aunque no siempre a veces se diese cuenta, con una persona que le hacía sentirse agusto, que le transmitía seguridad y que poco a poco iba calándole más profundamente. Le susurró un te quiero al oído, acompañado de un tímido beso en la mejilla y se acurrucó de nuevo junto a él, pensando en la suerte que tenía al poder disfrutar de ese pequeño placer tan especial: el placer de dormir juntos.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Opinar

 Una pequeña reflexión, de esas que mi Amiga Lourdes Izquierdo escribe en facebook y que no he podido evitar compartir con los demás cazadores de estrellas:

El miedo a opinar no es discrección. No te engañes. Si te callas lo que sientes lo que piensas no se oye. No se oyen tús razones, no tienes voz. El miedo te deja sin libertad de opinión. No permitas que otros hablen por ti. Tienes el mismo derecho que ellos a que tu voz se oiga. Y sobre todo tienes un deber con los que te rodean: demostrar que no tienes miedo.